05 septiembre 2019

Lo que aprendí de los ojos de las mujeres leyendo a Duras, Wittig, Galea y Benameur.


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cuando el tren nos deja en la estación de sants
ella agarra la mochila violeta que contiene la mitad
de los trece kilos de novela francesa que ha adquirido
haciendo pesca de arrastre en las librerías feministas
de parís y la toca con más suavidad de la que ha tocado
nunca la cabeza rubia de nuestro hijo como si dentro
de aquel tejido las novelas de señoras enamoradas
fueran la fontanela de una niña recién nacida
o un tesoro incalculable adquirido con más dinero
del que mi esposa había tenido jamás
a ella no le brillan los ojos por el dinero
sino más bien por la cantidad  de espacio que su nuevo
salario puede ceder en esa grieta que ahora escupe
un mundo de papel y de metáforas sobre la pasión
y la autonomía y la trascendencia de unas mujeres
a las que sin duda le gustaría parecerse
al llegar a casa después de un mes de retiro
me fijo en cómo coloca la mochila junto a su estantería
favorita en cómo expone sus nudillos ante el hocico
de la gata melancólica para que se los olisquee
y también en cómo exclama con sorpresa lo extraña
que resulta esa sensación de regresar al hogar 
después de mucho tiempo y de que todas las habitaciones
parezcan más grandes de lo que eran
aunque en verdad en sus ojos nuestra casa
se refleje más pequeña que nunca

16 agosto 2019

No volveré a sacar este tema.



Imagen: Gala Pont


creo que no quiere hablar conmigo del tema
lo único que sé es que ocurrió en un vuelo de vueling
rumbo a almería el crío se estaba portando mal
y ella se lo llevó al servicio de la parte trasera del avión
diciéndole probablemente “eso no se hace uli eso no”
o “deja de dar patadas al asiento de la señora” o
“no tires más papelitos y abróchate el cinturón”
ochenta y seis centímetros de ancho es la medida
que unos ingenieros convinieron para
los cuartos de baño del transporte aéreo ochenta y
seis centímetros de ancho que ahora recogen la escena
de una mujer sosteniendo un coágulo de sangre descomunal
entre sus manos “¿mami tiene pupa?” dijo el crío
al ver aquel tejido negro que empapaba los dedos de ella
“ocurrió así, ya está” narra después desde la cinta de recogida
de equipajes “me tomaré un ibuprofeno y compraré
compresas han venido a recogernos paco y kika”
ochenta y seis centímetros de ancho un ataúd aéreo
para algo que ignorábamos hasta su mismo luto
si la herida cura rápido es porque no es nueva

(Poema publicado en Diario16)

11 marzo 2019

Mamá te ha comprado calcetines de La Patrulla Canina.


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¿en qué pensará el niño cuando cruza el pasillo?
escucho sus pisadas en mitad de la noche
sólo las alumbra el fluorescente del ascensor
que se cuela bajo la puerta de entrada
¿le dará miedo? ¿pensará en su latigazo de luz
como en el eructo de un fantasma enojado?
el niño no dice fantasma sino pamasma
el niño no cree en los monstruos tal vez sí en la sangre
caliente de los monchos ¿pensará en ellos cuando
me vea a mí al final de la sombra? ¿o pensará en
ellos cuando no vuelva a encontrarme dormido
porque sabe que a veces desaparecemos
como globos de pocoyó que ascienden
hacia un cielo pintado de blanco?
el niño todavía no piensa en cosas tan complejas
pero sus pies se acercan en mitad de la noche descalzo uno
y cubierto el otro por un calcetín de perros-policía
creo que en sus manos lleva un peluche
huelo desde aquí el sudor de la libre azul
contra la que abraza su taquicardia mientras corre
al colarse su cuerpo por mi edredón me calmo
¿en qué pensaré yo el día que ya no quiera cruzar el pasillo?
¿en qué pensaré si temo a un globo de helio que escapa?
añoraré tanto a esa inocencia refugiándose en mí
me pareceré tanto, cuando él al fin no me necesite
al destello intermitente de un pamasma