26 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: última parte.



[...]


LM: ¿Y el amor? ¿Cuánto amor hay en esta novela?

AJR: Se me ocurre que una de las líneas narrativas de la novela pasa por el trayecto que media entre que los protagonistas se conocen y el punto final de la ficción, donde naturalmente se encuentran en un lugar muy distinto. Veo ahí un desarrollo como de juego de arcade (otros dirán que el juego de la relación es más bien un rol), en donde, a mi juicio, todos los problemas o retos que se les plantean a los protagonistas tienen un origen sociocultural, así hablemos de celos, espacios compartidos, vacilaciones, infidelidades o hasta de paternidad. En ese sentido siempre me ha interesado desmontar la construcción de subjetividades en función de la cultura que uno consume, ya hablemos desde el discurso neorromántico o del liberal; y cómo ésta te enseña, las más de las veces mal, a relacionarte con el otro. 

LM: ¿Y el sexo? ¿Y la sexualidad?

AJR: Imagino que se trata de un subtema derivado del anterior. Todo es cultural. 

LM: Y… ya casi para terminar me gustaría que nos contaras un poco por qué eres tan gracioso. Yo me he reído muchísimo leyéndote. Siempre me río mucho contigo, en general, por eso TE AMO, entre otras cosas. Háhá. ¿Crees que hace falta más humor en nuestra literatura? ¿Por qué crees que los literatos son tan serios? ¿A quién le copias los chistes? ¿Con qué escritores te has reído últimamente?

AJR: En España hay una serie de autores con los que me he reído muchísimo: desde los cervantes, quevedos, mateosalemanes o poncelas a contemporáneos como Calvo, Fernández Porta o Mal-herido. Pero es verdad que, en líneas generales, y al menos en cuanto a literatura contemporánea se refiere, da la sensación de que no tenemos mucho que hacer con británicos o estadounidenses. Por lo que a mí respecta, imagino que debe ser una cuestión de tono, y que cada autor encuentra cierta predisposición a la comedia o la tragedia. Muchas veces intento decirme: “venga ya, vamos a ponernos serios”, pero al final acabo aburriéndome. Prefiero la sátira y la comedia. Y me gustan los escritores cachondos (imagino que aquí se encuentra parte de mi rechazo a la poesía como género: pues ellos parecen ser aún más serios que los novelistas). Y por ello, y siendo como es la risa un asunto especialmente delicado, siempre me pone de muy buen humor que alguien considere divertido algún texto mío. Casi me atrevería a decir que la capacidad de hacer reír al lector es uno de los éxitos que más valoro en un autor.  En cuanto al último libro con el que me carcajeé: una colección de ensayos de Kevin Smith.

LM: Después de todo esto –puedes ser sincero, llegados a este punto ya no nos está leyendo nadie- ¿estás contento con el resultado? ¿Te gusta tu novela? Y entonces, ahora… ¿qué?

AJR: Rayos. Creo que ha llegado el momento del discurso laxo.
No recuerdo literalmente la cita, pero en alguno de sus ensayos Pamuk cuenta que todo autor fantasea con su primer libro, la edición, la portada, y todo lo demás. A mí en verdad no me ha ocurrido exactamente así. Nunca he sido bibliómano. Y si sigo interesado en hacer ficción es porque para mí, lo importante en la escritura de una novela no es Ítaca, diría el proverbio, sino el camino.
Naturalmente recibir los ejemplares está muy bien, pero se trata de una felicidad de una magnitud diferente al instante en que uno pone punto final al manuscrito, acontecimiento que en este caso ocurrió alguna calurosa madrugada durante el verano de 2010. Entonces estábamos en aquel piso de Puerta de Toledo, y  pasé por un interminable mes de esprint final quemándome las pestañas frente a la luz blanca del ordenador, yéndome a dormir a las nueve o diez de la mañana y levantándome pasado el mediodía. Como te digo, es en ese momento en que te encuentras tú solo con tu documento word cerrado, terminando de revisar la última versión, donde se acaba la aventura de la novela. Eso sí que es un subidón. Y no el speed.
Dado que el libro salió de imprenta hace unas semanas y algunos amigos míos ya lo tienen, en este tiempo me he dado cuenta de que, casi inconscientemente, a toda costa he intentado evitar hablar de él. Además de que me resulta un poco autohumillante tocar el hombro de la gente para decirle, con un gesto como de Buddy Christ: “¡Hey!, ¿te moló?”, la verdad es que no sé hasta qué punto me pueden interesar las críticas. Porque supongo que tanto si los lectores la detestan, les divierte, les parece bien o mal, detectan errores o aciertos, en realidad esa sensación, supongo, sólo puede ocurrir en una proporción menor a lo que yo he experimentado en ese trayecto. Fresy Cool es un libro que he detestado horriblemente y me ha parecido una genialidad en otras ocasiones. Todo el que ha escrito una novela sabe esta sensación. Semejantes delirios de grandeza y hundimientos de ánimo hacen que uno mismo conozca todo el abanico de posibles reacciones cutáneas a la lectura de su propio texto, y alguna sombra de semejante ciclotimia, imagino, es lo que al final llegará al lector. De ahí lo que te comentaba antes sobre ese cierto desinterés (al menos de momento; quién sabe si ahora que el libro está en librerías me volveré un paranoico ante las críticas) en cuanto a las reacciones de los lectores.
Seamos sinceros. Si alguien me dice: “Fresy Cool es la leche de buena, repámpanos.”; o si por el contrario creen: “Chico: vaya papilla mala”; o incluso si optan por algún moderado término medio, pulgares arriba o abajo; yo, en mi fuero interno, no podré evitar pensar: “Por ahí ya he pasado yo.”
Y todo eso, naturalmente, mientras me distraigo pensando en proyectos por venir.
Es lo que hay. 


[FIN]

Para saber más...

25 enero 2012

Mundilloliterario según Joe Kelso (algunos fragmentos).








Y si quieres conocer la historia entera, pincha aquí: 
(Con Vicente Luis Mora, Ana Pareja, Tongoy, Serg..., Ernesto Castro, Ibrah...)

24 enero 2012

Bluebird y otros tatuajes: tinta y sangre.

Llevo un tiempo anunciándola y cada vez está más cerca: la publicación de Bluebird and Other Tattoos en Scrambler Books, una editorial estadounidense que me encanta y a cuyo editor, Jeremy Spencer, le estoy muy agradecida por su esfuerzo y dedicación (además de ser el editor es el traductor de esta selección de poemas 2005-2011, algunos publicados y otros inéditos que aparecerán en los dos idiomas). La portada es de Betty Blue. Y bueno, ya os iré informando de más cositas... Gracias.

22 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: tercera parte.




[...]
LM: Fresy cool es una novela de campus a lo Patricio Pron o Roberto Bolaño, pero también es una sátira sobre el Hombre de Letras Moderno, una enorme crítica literaria –hacia la narrativa contemporánea-, una burla contra los poetas, contra el asqueroso estado del periodismo en nuestro país, sobre el horror de la Universidad… una primera novela sobre la primera novela, una guía del Buen Moderno pero también una crítica feroz a la hipocresía de la Modernezzz y de la Moda, y, también, un retrato sobre lo que es crecer –la superación de la adolescencia- o, como diría DFW: el “Mundo Adulto”. Nos hablas de todas estas cosas. De todos estos temas ¿cuál crees que impactará, preferirá o tratará el lector de tu novela? Ah. Y algo muy importante. ¿Quién crees que será el lector de tu novela? ¿Tienes en mente a un lector tipo? ¿Determinado por qué edad? ¿Te interesan los lectores de tu edad? ¿Escribes para ellos?

AJR: A mí me da que imaginarse a un lector tipo implica, supongo que sin quererlo, sostener cierta actitud sectaria, sesgada y equivocadamente parcial de lo que es la experiencia de lectura; si de antemano uno sospecha que mezclando equis ingredientes atraerá a un predeterminado perfil psicológico, entonces se revela como alguien que desde el principio restringe sus posibilidades de disfrutar el texto. O dicho de otra manera: me da la sensación de que si alguien tratase de establecer un perfil a partir de aquellas lecturas que me gustan y aquellas otras que he detestado, en ese caso encontraría un carácter preocupantemente esquizofrénico, inestable y neurótico; y quiero creer que la patología no es sólo mía. Más allá de todo eso, pienso que si hay una virtud über alles en una primera novela, ésa es la sinceridad, precisamente porque nunca se te ocurre pensar en términos de: “eh, esto va a pasar por la cadena de la industria del libro, igual hay que mimar más al lector”. 


LM: La juventud, ahhhh diviiino tesssoro de precariedaddd y mal gusssto. ¿Te consideras “escritor joven”? ¿Te consideras parecido a tus contemporáneos? ¿Es que tienes contemporáneos? ¿Qué compartes con Aixa de la Cruz, con Tao Lin, con Miguel Espigado, con Julio Fuertes, con Ben Brooks, con Ernesto Castro, con Unai Velasco, CONMIGO? ¿Hace falta compartir algo? ¿Hace falta reivindicar algo?  No sabría comparar Fresy con nada. Quizá un poco de Javier Calvo por aquí, otro tanto de Eloy Fernández porta por allá y otro de Foster Wallace y Bolaño como guinda. Pero nada tan descarado como para decir que te pareces Mucho a ellos. ¿Crees que la crítica te va a dar muchas leches? ¿Crees que vas a joder a muchos lectores? ¿Crees que vas a animar a que más jóvenes escriban o publiquen? ¿Cómo asumes tu publicación en un sello como Mondadori? ¿Es un puto sueño? O bien, la confirmación de que estamos VIEJOS y de que los círculos se cierran, pues ¿no eres tú uno de esos muchos lectores que desde hace siete años para acá se vienen formando exclusivamente en su catálogo? Qué bonito esto último. Qué curioso ¿no?

AJR: La pregunta atrae un par de monolitos que en gran medida articulan la prensa cultural pero también la universidad: novedad y generaciones. Es inevitable que cada nueva hornada de autores venga condicionada por una coyuntura sociocultural anterior a la de sus predecesores, pero esto mismo puede aplicarse a los autores como voces independientes. Ya he comentado en alguna ocasión que lo generacional y lo nuevo no me interesan mucho; no creo en ello; apenas concibo estos conceptos como reclamos publicitarios para críticos y periodistas, aunque también para académicos. Y de igual manera que no se me pasaría por la cabeza ir descartando individuos en función de su (redoble de tambores)novedad u originalidad —y por extensión: de ellos no espero que vayan por delante de mi tiempo, sino que me permitan de algún modo interactuar—, así me sucede con los textos. Ante todo me inclino a leerlos como individualidades o sujetos independientes, con sus demonios, sus referentes, sus gustos y su personalidad propia. Nunca me he planteado un enunciado del tipo: “voy a escribir algo nuevo, algo generacional”; me limito a hablar de las cosas que me gustan, que coincidirán con y diferirán de los fetiches de mis contemporáneos y no contemporáneos.
Sobre autores de mi edad, no sé si es que hemos escarmentado del tratamiento mediático que se le ha dado a los que llegaron antes que nosotros, y por eso, tal vez, nos esforzamos bastante en atildar las diferencias antes que los parecidos, pero lo cierto es que no hay conciencia grupal más allá de los lazos de amistad. Me gusta el trabajo de alguna gente que has mencionado arriba, y muchos de ellos son amigos míos, pero me gusta aún más que mi relación con ellos ante todo se base en el debate. Nos lo pasamos bien así. Supongo que habrá quien crea que aquí sólo hay un festival del amor recíproco, pero no.
Sobre Mondadori: sí, es verdad, qué voy a decir. Una parte muy importante de mis lecturas contemporáneas se deben a su catálogo.

LM: Ahora algo un poco más suave. Háblanos de música y de cine. Háblanos de tus influencias, pero no sólo literarias, de hecho las literarias dejémoslas a un lado. Háblanos de rap, de electrónica, de skate, de comida turca, de qué te inspira y qué te obsesiona a la hora de escribir.

AJR: El rap. El rap es una influencia importante tanto en forma, ética y subjetividad. En forma porque por lo común se trata de un discurso, digámoslo así, anarrativo: no hay tramas ahí, sólo una sucesión de frases que encajan, lo cual, en ciertas ocasiones, es un procedimiento que me interesa: hacer avanzar la ficción sin una noción muy clara del horizonte. En cuanto a su ética, cierto tipo de rap propone, conscientemente o no,  un ideario moral (y aquí respondo a tu pregunta primera sobre Fresy Cool como novela moral) que yo suscribo; ese ideario —por lo demás, muy propio de un capitalismo en estado de gestación— pasa por: defensa del grupo primario (familia, amigos), meritocracia, trabajo, conciencia de y respeto a las jerarquías, noción del juego (ganas o pierdes, y ambas cosas hay que aceptarlas), estética del parvenu, etcétera, etcétera. Esto no tiene nada que ver con la imagen del rapero pimpín mediatizado —el mismo del que se burlaba Percival Everett en X—. En cuanto a la subjetividad, el rap me interesa por: a) los grupos y solistas de rap sueco que me gustan (y el rap sueco es un mundo aparte) me dan buen rollo; b) los grupos de rap alemán que me gustan dan un mal rollo igualmente impresionante, y ninguna expresión artística ha dado cuenta de la agresividad, la frustración y la violencia del individuo como el rap; y c) la literatura y el rap son actividades con un trasfondo muy competitivo, con la salvedad de que la literatura se esfuerza mucho en disimularlo, mientras que el rap no.  Ambas expresiones artísticas han avanzado con un transfondo similar pero con discursos diametralmente opuestos. 
El skate. Que en la portada salga un tipo haciendo skate me entusiasmaba porque, dejando a un lado las referencias a la cultura urbana que pueda haber en Fresy Cool, ser espectador de este espectáculo te devuelve a la experiencia romántica de la obra fracasada. Ahora en Barcelona me gusta sentarme en el C3Bar y ver a la gente patinar; tanto si la pirueta les sale bien como si acaban comiendo cemento, en ambos casos es un espectáculo. Y ésa fue para mí la experiencia de la escritura de Fresy Cool. A veces comía cemento y a veces—creo—la pirueta salía bien, pero siempre me divertí con ello. 

[...]

*
(Ya queda menos para el fin de la entrevista y para que puedan encontrar Fresy cool en las librerías, yeah)

La droga de Karin Boye.

Kallocaína.
Con prólogo de una servidora.

20 enero 2012

La soledad de los gatos-fantasma.


Preparar el adiós. Reparar la incertidumbre.

17 enero 2012

Los inmortales, aquellos buenos muchachos.


Cuando mencionas a Manuel Vilas siempre sale alguien que dice “qué buen tío”. Y es que es cierto. Todo el mundo lo sabe. ¿Manuel Vilas? Este buen tío. ¿De Zaragoza, no? Más o menos. Sí. Qué buen tío. Cómo son los de Huesca. Qué bonachón el tío. Sí. Sí. Y entonces me pregunto ¿cómo es que en un mundo tan hostil como el de la literatura puede existir alguien como Vilas? Qué razón tuvo al autodenominarse Santo. Su palabra trae la paz. Su literatura: la felicidad eterna. Pues es curioso cómo al leerle uno también piensa “joder, qué buen tío”. Y así, Manuel Vilas inaugura un género literario que a pocos se les podría aplicar, a muy pocos, de hecho, La Literatura de la Buena Gente.

De Vilas sólo conocía su poesía y algunos relatos. Me gustó especialmente El cielo (DVD, 2000), el resto siempre me ha parecido una variación de los temas y de los problemas aquí anunciados, pero con la cualidad de no hacerse repetitivo ni pesado. Amor (Visor, 2010), su poesía reunida, me la leí del tirón sin rechistar. El Universo Vilas, ese del que tanto hablan sus lectores y críticos, es realmente envolvente, y más ahora que leo su última novela, Los inmortales (Alfaguara, 2012), que es una locura al tiempo que un placer. Como una especie de Kevin Smith a la española (Nueva Jersey es aquí Zaragoza, y Jay y Bob el silencioso son el propio Vilas y Mallo, o Ferré, o cualquiera de sus colegas citados);  como una especie de partida a los Sims, delirante, cuyos personajes tuvieran nombres de grandes escritores –aquellos, los héroes inmortales- y vistieran ropas del futuro, fantasmales, en ocasiones; o incluso como una especie capítulo de Futurama en donde los robots hablan de literatura y el tiempo se detiene en cualquier galaxia para que Kafka, Dante, Cervantes, Stalin o el propio Vilas puedan mantener encendidas conversaciones sobre lo estúpidos que somos los humanos, lo tontos que somos los mortales, lo ridículo (más aún) que sería nuestro planeta, en definitiva, sin los libros.

Manuel Vilas está loco,
-lo intuí ayer-,
y es buena gente,
-lo dicen todos-,
Los inmortales es genial,
remato yo.

16 enero 2012

Manuel Vilas está loco... (y un viaje a la Luna)

La primera dama quiere que los siete poetas escriban un poema a pie de Luna. Quiere siete poemas en siete lenguas que hablen de la Luna en su más plena realidad, en su exactitud completa. Por fin la poesía hablará de la Luna desde la Luna. Ya no habrá metáforas ni símbolos, sino realidad. Tres mil años de poesía que sólo soñaba o inventaba o fantaseaba con la Luna caerán desvanecidos como sombras el mes que viene, cuando la flota de los siete mejores poetas del planeta alcancen la Luna. 
Manuel Vilas

Gossip Girl: "el mundillo literario tiene más de mundillo que de literario".


Lo más probable es que pronto acabemos con el espejismo. Las odas a Internet terminarán algún día, como sucedió con los aviones, la fábrica o las locomotoras. Entonces la red establecerá una relación normalizada con la literatura.
Pablo Raphael

La cita de ahí arriba, la del título del post, es de Carlos Ruíz Zafón (nunca imaginé que mencionaría en mi blog a este autor, pero sí, así es) y viene a su vez citada por Pablo Raphael en su ensayo La Fábrica del Lenguaje, S.A (Anagrama, 2011) que quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo. La cita del título podría resumir, quizá, la voluntad de este libro que para mí no es otra que la delimitación, crítica y comprensión de las actitudes literarias contemporáneas de los escritores en lengua española. Un espacio de reflexión sobre lo que suponen  “las generaciones” (esas turbias ocurrencias de unos pocos o de la prensa  cultural que no hacen más que entorpecer nuestra lectura); sobre lo que supone Internet (especialmente Twitter y Facebook en su relación con la creación literaria, y una llamada a la tranquilidad de quienes parecen obsesionados por explotar  -a veces ridículamente- cada una de sus herramientas y autodenominándose “innovadores”);  o incluso sobre lo que será el devenir de la literatura en español una vez superados –si es que se superan- ciertos vicios detestables y extraliterarios.

Este ensayo me ha hecho especial gracia porque en él aparece casi toda la gente que conozco y con la que trabajo. Gente de la que conozco cotilleos, de la que me cuentan gossips, de la que me dicen cosas feas o incluso gente con la que he llegado a tener malísimas experiencias. Realmente el mundillo literario tiene más de mundillo que de literario. Aquí hay cuatro gatos y a todos les gusta cagar en la arena del otro. Después de algunas semanas estúpidas en las que los celos entre escritores y los malos humos seudotrolleros han vuelto a decepcionarme, el hecho de leer este libro me devuelve cierta esperanza. Las palabras de Pablo Raphael hacia el “mundillo” son puramente “literarias”, y no de “mundillo”. Aquí nadie gana ni pierde. Aquí se muestra el trabajo y las opiniones de cada uno para la búsqueda de un sentido y de una solución ante los problemas que el futuro de la edición y de la creación literaria parecen traernos.

Eso es todo. 

14 enero 2012

La mujer, la lectura y la adolescencia.

Se volcó en a literatura. Buscó libros sobre adolescentes, libros en los que pudiera encontrarse a sí misma y ver reflejados sus problemas. No existían. Leyó todos los libros empalagosos "para niñas" que encontró y los desechó. Comenzó a leer novelas malas, todo cuanto hallaba en la biblioteca que parecía hablar de las mujeres. Lo devoró. Leyó sin hacer distinciones. Jane Austen, Fanny Burney, George Eliot, novelas góticas de todo tipo, Daphne du Maurier, Somerset Maugham, Frank Yerby y John O'Hara, además de ciertos cuentos de misterio, historias de amor y de aventuras execrables. Pero nada la ayudó. Al igual que a persona que engorda porque ingiere comidas que no la alimentan y por eso siempre tiene hambre y siempre está comiendo, Mira se zambullía en palabras que no podían enseñarle a nadar. Le dolía constantemente la cabeza; a veces tenía la impresión de que leía para escapar de la vida ya que al menos lograba evadirse. Sentía la cabeza como la sentiría años más tarde después de fumar tres paquetes de cigarrillos al día. le repugnaba ir a la escuela y a menudo decía que estaba enferma; le molestaba sentarse a cenar sin un libro. Leía en el lavabo y en la bañera; leía hasta altas horas de la noche y, cuando su madre insistía en que apagara la luz, lo hacía bajo las mantas con una linterna. Había comenzado a hacer de niñera y acostumbraba a recorrer a hurtadillas la casa de los niños que cuidaba en busca de libros que tal vez no le permitieran sacar de la biblioteca. 
Marilyn French

12 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy Cool: segunda parte.


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LM: Vale, vamos a divertirnos un poco. Te voy a decir una serie de nombres o situaciones y tú me vas a contar qué tienen que ver con tu novela y por qué, ¿preparado(s)?

AJR:
-Javier Calvo: Bueno, es el mejor narrador español nacido en los setenta, con la trayectoria más solida del panorama. Hay algún guiño a Corona de flores por ahí.
  
-Looptroop: El mejor grupo de rap en Europa. Suelen sonar aquí. .

-Luna Miguel: Si la narratología situase alguna instancia por encima del autor, en el caso de Fresy Coolsería ella. Ya tú sabes.
  
-David Foster Wallace: Sólo hay dos cosas que me interesa tomar de él como narrador: su virtusiosismo estilístico y la psicología de sus personajes. Aunque bueno, estas son sus mayores virtudes, así que sí, en cierta forma es importante.

 -The Secret Society: La mejor banda de Madrid. Grande Pepo. 

-Instituto: “La peña de la clase entonces se reía de mí, y ahora yo vivo, y ellos tienen que sobrevivir, con un jefe, un curro y horarios fool, yo duermo hasta que se me hincha la cara como a Hulk; esta es la mierda, observa: mi estilo es underground pero más publico que Clinton y su asunto con la yerba”, Toteking. Era broma.

-Depeche Mode: Personal Jesus es un motivo importante en la novela.

-Esperanza Aguirre: Partido Pop.

-Popy Blasco: El blog más divertido para estar al tanto de lo que pasa en Madrizentro. Muchas veces, escribiendo con la intención de captar el Madrid de época pensaba en su bitácora como la principal competencia. 

-Zombie Kids: Una institución cultural.

-Barthes: relación de amor odio. Pero los Fragmentos del discurso amoroso fueron una piedra fundacional de la novela.

-Los anónimos de un blog: Me encantan los trolls. Su discurso está muy presente en ambas partes de la novela. Estoy de su parte. A mi manera, claro.

-Jersey de cuello vuelto: el uniforme del hombre de letras. El grado cero de la indumentaria intelectual. No puede faltar en el armario de ningún lector versado.

-Monogamia: Activista pro.


LM: Fresy cool trata muchos temas, pero hay dos que me llaman especialmente la atención dadas las circunstancias sociales actuales. Son los temas de política y religión. Hay algo premonitorio en tus palabras, incluso, pues a pesar de estar escrita hace más de un año tu novela ya presentaba un apocalíptico escenario político centrado sobre todo en Madrizentro. Estudiantes que se manifiestan (me los imagino ahora en Juventud sin futuro), presidentas corruptas (la política de chchs secos que se vierte sobre nuestra capital), e incluso Dios, paseándose extraño ante nuestros ojos incrédulos. Háblanos de todo esto. Dinos en qué se basa tu compromiso.
AJR: Religión. Soy un agnóstico con ciertas inclinaciones creyentes cartesianas/ unamunianas, aunque no rinda culto a ninguna religión. Mismamente, la crítica literaria, la hermenéutica, es una actualización de la interpretación de textos sagrados, y el acto de lectura me recuerda a cualquier grupo de feligreses reuniéndose para comentar textos sagrados. Hablar de libros exige cierto depósito de fe. Los lectores de ficción estamos todo el tiempo hablando de personajes y hechos intangibles, pero existentes, reales; el absurdo de esta situación puede llevar al mismo desconcierto con que un ateo atiende a las costumbres del creyente. ¡Pero si Dios no existe! Bueno, tampoco la ficción, y ahí seguimos rindiendo culto a la literatura. Al mismo tiempo, la ficción y la interpretación literaria sirven para otorgar cierto sentido a nuestras vidas, como la religión. Por todo esto me parece una actualización contemporánea de la fe, y en cierto modo es una postura que quise verter en la segunda parte del libro a partir de ciertas configuraciones narratológicas. Ya, ya me imagino las caras de horror de los lectores ante estas declaraciones, pero es en lo que creo…

Política. Efectivamente, ha sido una mala casualidad que ese Madrizentro regido por el Partido Pop y rancias lideresas políticas que aparece en la novela se haya hecho aún más realidad; ojala no hubiese sido así. De todos modos, y sin perder de vista que ante todo Fresy Cool es una sátira del hombre de letras, en esa segunda parte de la novela, que es donde más se atilda la presencia de la política, una pregunta más o menos constante es la importancia de salvar a la orquesta si el Titanic se hunde, es decir, qué papel ha de jugar la cultura en una ciudad distópica donde la empresa privada ha fagocitado la universidad, y si realmente es ético preocuparse por ello. En la primera parte, en cambio, la absoluta ausencia de interés hacia la política la representa Pleonasmo Chief, un consumidor cultural obsesivo que se jacta de su ética al actuar siguiendo cierto imperativo categórico (“si todo el mundo se comportase como yo, el mundo iría estupendamente”). Con el tiempo hemos comprobado que tal actitud no funcionaba…

LM: Esta visión apocalíptica de Madrizentro ya la mostramos juntos en Exhumación (de hecho, una duda que no sé si podrás responderme es por qué Exhumación no forma parte de este libro, si tanto tiene que ver, ¿o no lo tiene?), pero a lo que iba, esta visión apocalíptica se encuentra sobre todo en la segunda parte de la novela, una parte en la que también abundan las drogas, no sólo como tema, también como “voluntad”, quiero decir, en ocasiones uno puede pensar que ciertas imágenes sólo han podido ser descritas por alguien que escribió colocado de cualquier cosa tan explosiva como un tazón repleto de café y Coca Cola con Red Bull. ¿A cuántas pulsaciones escribe Antonio J. Rodríguez? ¿Qué clase de música infernal escucha Antonio J. Rodríguez? ¿Cuántas veces hace el amor Antonio J. Rodríguez, con las pupilas dilatadas por los excitantes, después de una jornada de escritura? ¿Y cuánto tiene que ver esto en ese mundo fantástico, casi de ciencia ficción que parece ser mostrado poco a poco en Fresy cool?

AJR: Si alguien cree que ésta es otra novela à la Bret Ellis con jóvenes ultraenrollados que se drogan mucho, se equivoca. O al menos las drogas suelen aparecer ligadas a discursos bastante patéticos y penosos por parte de los personajes que hablan de ellas. Hace poco estuve dándole muchas vueltas sobre su presencia en nuestro tiempo a partir de un comentario de Koestler en sus Reflexiones sobre la pena de muerte, cuando habla del Caso M'Naghten. Es en 1843 cuando se dice aquello de que: «todo hombre que se presume sano y además posee un grado suficiente de razón, es responsable de sus crímenes, hasta demostrar lo contrario; y que para establecer una defensa, se debía demostrar claramente que, en el momento del delito, el acusado era afectado por un defecto de la razón, enfermedad de la mente, que no le permitía conocer la naturaleza y la calidad del delito que estaba haciendo, o, si lo sabía, que él no sabía que lo que estaba haciendo, estaba mal». Si a mitad del XIX la locura ya puede eximir de responsabilidades, en nuestro tiempo se me ocurre que gran parte de la gente que conozco, o toma drogas, o han tomado drogas, o toman medicamentos recetados por algún psiquiatra, o los han tomado. O sea, a menudo vivimos rodeados de individuos que parecen robots químicos antes que personas. Algo tenemos que estar haciendo mal para haber acabado así, ¿no? 
Y sí, suelo escribir con cafeína. Casi siempre escribo por las noches, después de cenar, ya sin muchas fuerzas, y esa es la única manera de poder mantenerme hasta pasada la medianoche. Y así me va, amaneciendo hecho basura cada dos por tres… No mola. 

[CONTINUARÁ...]

10 enero 2012

¿Acaso es asco? ¿Cosa de caos?


Era un pañuelo o una palabra: los dos secaban, los dos impedían la entrada... o el frío, o la blanca escayola de esta mirada. O. O O. Todo era O. Todo era Qué. Todo suspensivo (y hermoso, lo dije, vacío, también). Lo críptico nace del Sí. El mundo: de su senectud.