18 noviembre 2012

Cuarenta y ocho horas en Lisboa (2): pensao amor, fábulas, sea me, sex.

(Versión en color)










Ahora ya nos quedamos aquí, como en las manos quedan manchas amarillas de polen
cuando se cortan flores en el jardín al atardecer, muchas flores
para los jarrones del comedor y los dormitorios de los muertos
como el polvo del camino que se cuela por la verja y espolvorea los tallos
como unos cuantos bichos alados o desalados,
y unas cuantas tibias gotas de rocío,
como esas arañas finísimas e inevitables
que anidan entre las flores, y cuando se apaga el rojo ocaso en los cristales
se tiene la sensación de un cuchillo afilado que se arroma
por la sangre y la leche de las flores -una extraña sensación, mezcla
de terror y asesinato- una belleza ciega, amable, aromática e infinita,
una ausencia desnuda. Así es. Todo nos ha abandonado.
Yannis Ritsos

Aeropuerto de Lisboa. 5.00 am. Ciudades hechas de carroña (decía). Hermosa carroña es el mar. La paloma que lame al marinero el empedrado el estómago guarda peces y no nos sentimos mal porque es irremediable la finísima lluvia. El finísimo color. Hacemos sexo inevitable carroña las ciudades con gaviotas son ciudades hermosas porque no temen caer rodar por el empedrado donde pisaste la raspa. Donde criaste las raspas. Ciudades hechas de manchitas y amapola. Mano envejecida. Mano y poema. Agua. 

1 comentario:

tormenta dijo...

Nix es la abreviatura de la palabra "nada" en alemán. Solo digo.